Colérico vs flemático: opuestos que no saben adivinarse
Estos dos no comparten ninguna cualidad en la cuadrícula clásica. La diferencia mayor es la velocidad al comprometerse: el colérico decide pronto y lo defiende, el flemático lo deja abierto hasta que decide la situación.
La cuadrícula clásica funciona con dos preguntas. Con qué rapidez y hacia fuera reacciona alguien, y con qué firmeza conserva la forma una vez que la tiene. El calor responde a la primera, la sequedad a la segunda. El colérico sale cálido y seco. El flemático sale frío y húmedo. No hay una tercera cualidad que puedan compartir, porque no hay un tercer eje.
Casi todas las parejas se entienden girando un dial. El sanguíneo entiende al colérico imaginándose a sí mismo más fijo. El melancólico entiende al flemático imaginándose más blando. El colérico y el flemático no tienen dial que girar. Casi nada de lo que hay en uno es una versión reducida de algo del otro. Así que cuando se malinterpretan, no es por descuido. Es que el instrumento no encaja.
Dos maneras de entrar en una conversación
El colérico empieza por la conclusión. El razonamiento vino antes, en privado, deprisa, y lo que llega a la mesa es el resultado. A quien espera ver el desarrollo esto le suena a arrogancia, pero rara vez es una pretensión de tener razón. Es una oferta para que lo corrijan rápido y el grupo pueda avanzar. Un colérico que decidió algo a las nueve lo dirá a las nueve, y le sorprenderá que alguien lo haya encontrado brusco.
El flemático empieza haciendo sitio. Su primer movimiento es una pregunta, o un resumen de lo que ha dicho otro, o un silencio que trabaja más de lo que parece. La opinión existe. Se formó pronto y suele ser acertada, porque quien no está ocupado hablando lleva rato mirando. La dice si se la piden, y a menudo no la dice si no. Para un colérico, eso parece no tener opinión. Es una opinión sin mecanismo de entrega.
Ponlos en una reunión y el colérico llena el espacio mientras el flemático se lo deja. Los dos salen pensando que fue así por culpa del otro.
Decidir, y lo que cuesta cada velocidad
El colérico decide pronto y barato. Cálido significa que la reacción sale rápido. Seco significa que fragua. La decisión tiene entonces bordes, y el colérico los defiende incluso después de que el terreno se haya movido debajo. La virtud es real. Alguien tiene que ir primero, y quien está dispuesto a equivocarse en voz alta desatasca una sala parada. El coste también es real. Velocidad más firmeza significa que los errores son grandes, se cometen con seguridad y se defienden más allá del punto en que defenderlos sirve de algo.
El flemático decide tarde y caro. Frío significa que la reacción tarda en asomar. Húmedo significa que nunca llega a endurecerse del todo, así que sigue abierta a revisión, y por eso los flemáticos cambian de opinión sin dramas y a los coléricos eso les desconcierta. La virtud es que la decisión ha absorbido la situación entera, incluida la parte que nadie dijo en voz alta. El coste es que muchas cosas acaban decidiéndolas el calendario. Esperar es una elección. Lo que pasa es que desde dentro no lo parece, y un flemático puede pasarse un año sin resolver algo y llamarlo honestamente un año de darle vueltas.
Equivocarse, y la semana siguiente a una mala semana
Al colérico al que le demuestran que se equivoca suele encajarlo rápido y encajarlo bien, sigue adelante dentro de la misma hora y le irrita que los demás sigan ahí. Lo que lleva mal no es el error. Es que lo retengan en él más tiempo del que el error pedía.
El flemático al que le demuestran que se equivoca está de acuerdo enseguida, de buen humor y quizá demasiado pronto. Estar de acuerdo termina el roce, y terminar el roce es el reflejo. Por eso una disculpa flemática no siempre es información. A veces significa que el argumento ha calado. A veces significa que la conversación se estaba calentando y había que pararla.
Después de una mala semana se recuperan en direcciones opuestas. El colérico necesita una tarea, algo con resultado visible, para volver a poner la semana bajo su control. El flemático necesita que vuelva el ritmo de siempre. El mismo paseo, la misma silla, que no le pidan nada, y para el jueves aquello se ha disuelto. Cada recuperación le parece al otro el problema. El colérico ve una retirada. El flemático ve a alguien que no deja que las cosas se posen.
Qué falla entre ellos, y qué ayuda de verdad
El fallo tiene una sola forma y se repite. El colérico empuja. El flemático cede. Nada queda resuelto, porque ceder no es estar de acuerdo, y el colérico confunde la ausencia de resistencia con el consentimiento. La presión se acumula donde no se ve, y un día el flemático se ha ido o está inamovible, y nunca mandó ningún aviso.
El colérico cree que el silencio quiere decir sí. El flemático cree que el volumen quiere decir certeza. Los dos se equivocan, y los dos siguen actuando en consecuencia.
Lo que ayuda es pequeño y concreto.
- Si eres colérico: deja correr la pausa más allá del punto en que resulta cómoda. La respuesta del flemático va dos segundos por detrás de tu impulso de llenar el hueco, y vale más que lo que ibas a decir tú. Después pide el desacuerdo por su nombre. No te lo van a ofrecer.
- Si eres flemático: di la objeción en el momento, en una frase, sin almohadilla. Un colérico digiere mejor un no seco que un no con retraso, y te respeta más por ello. Lo que estás evitando son treinta segundos de incomodidad leve, y evitarlos es justo lo que produce la versión en la que acabas marchándote.
Lo que cada uno saca del otro existe precisamente porque no hay solapamiento. El colérico obtiene una lectura de la sala que no puede generar a ninguna velocidad. El flemático obtiene cosas terminadas. Ninguno puede fingir la aportación del otro, y por eso la pareja, cuando aguanta, es difícil de romper.
Nadie es una cosa o la otra
Casi nadie es un tipo puro. La mayoría de quienes leen esta página están aquí porque son alguna mezcla de los dos, y la mezcla no es una contradicción. Se puede ser resolutivo en el trabajo y no oponer resistencia en casa, rápido con los desconocidos e inamovible con la familia. Si eso te suena, la entrada sobre las mezclas es la página más útil, y el test te da proporciones en vez de una etiqueta, que se parece más a cómo funciona esto.
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