Melancólico vs flemático: dos personas calladas, dos silencios distintos
Los dos son callados, y por eso se confunden. La diferencia está en de qué está hecho ese silencio: uno ya decidió y lo sostiene, el otro no ha decidido y preferiría que no le obliguen.
El profundo y cuidadoso
Frío y seco · Tierra · Bilis negra
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Ponga a un melancólico y a un flemático en la misma reunión y durante veinte minutos no los distinguirá. Ninguno habla mucho. Ninguno interrumpe. Los dos dejan que los ruidosos llenen el aire, y los dos vuelven a casa después de un día largo entre gente con la sensación de haberse vaciado, no de haberse alimentado. Esta pareja se confunde más que ninguna otra, y por eso tanta gente termina un test sin saber cuál de los dos le tocó.
La diferencia no está en cuánto dicen. Está en de qué está hecho el silencio. Uno ya llegó a una conclusión y la sostiene. El otro no ha llegado a ninguna y preferiría que no le obliguen.
Los dos son fríos, y el frío es lo que todo el mundo ve
En el esquema antiguo, lo cálido es la rapidez y lo visible de una reacción. El melancólico y el flemático son fríos los dos. La reacción es lenta y casi toda se queda dentro. Ninguno dice lo primero que se le pasa por la cabeza. Los dos necesitan un momento antes de responder, y a los dos les han tomado ese momento por un sí.
Así que los hábitos de superficie se parecen mucho. Los dos pueden aguantar una discusión entera sin meterse. Los dos son los últimos en sorprenderse, porque llevaban rato mirando en silencio. Ese frío compartido explica que un cuestionario rápido mande a la misma persona a una respuesta u otra según el día.
Lo seco conserva su forma, lo húmedo toma la forma de la sala
Lo seco tiene que ver con si una cosa mantiene su forma una vez que la tiene. El melancólico es frío y seco: tarda en formarse una opinión y luego esa opinión fragua como el yeso. El flemático es frío y húmedo: tarda igual en formarse una opinión y nunca la deja fraguar del todo. El mismo arranque lento, el final contrario.
Fíjese en cómo abre cada uno una conversación. El melancólico abre con una corrección, porque lleva tiempo dándole vueltas y hay un detalle que no cuadra. El flemático abre con una pregunta, o con nada, y le deja empezar a usted. Fíjese en cómo decide cada uno. El melancólico quiere toda la información, decide una vez y preferiría no volver a tocarlo. El flemático quiere saber a quién afecta, y muchas veces decide esperando a que la situación decida por él.
Cuando hay desacuerdo, la grieta se ve. El melancólico va a discrepar, por escrito, con los puntos numerados, y va a aceptar la incomodidad, porque tener razón le importa más que resultar cómodo. El flemático no discrepa en voz alta. Dice "puede funcionar", que no es un sí, y luego hace la cosa más despacio de lo que prometió. Para saber qué piensa un flemático, mire el ritmo, no las palabras.
Equivocarse, y la semana siguiente a una mala semana
Los dos llevan mal el fracaso, cada uno hacia su lado.
El melancólico se toma el error a lo personal y se lo queda. Repite la frase exacta durante cuatro días, y esa repetición le sabe a responsabilidad más que a sufrimiento. Una mala semana de un melancólico no hace ruido. Son sus propios criterios vueltos hacia dentro. Se retira, trabaja más, duerme menos y se va enfriando por el camino. El precio es una preocupación que se endurece hasta volverse tristeza, y la costumbre de terminar él la crítica que el mundo apenas había empezado.
El flemático lo encaja con más soltura y lo olvida antes. Eso es una virtud de verdad y también una fuga: equivocarse no le hiere, y por eso no siempre le enseña. Una mala semana de un flemático se parece a menos de todo. Menos movimiento, más sueño, mensajes sin contestar, nada lo bastante urgente como para romper la deriva. No es que esté triste. Es que se ha parado.
También se recuperan distinto. El melancólico se recupera entendiendo qué pasó y qué significaba; hasta que aquello tiene sentido no puede soltarlo. El flemático se recupera con tiempo, con rutina y con una persona paciente cerca. Las explicaciones no le sirven de mucho.
Al melancólico lo daña lo que se toma demasiado en serio. El flemático pierde lo que nunca se tomó bastante en serio.
Lo que siempre se rompe entre ellos
Estos dos se llevan mejor que casi cualquier otra pareja, y ahí está la trampa. Nadie levanta la voz. A los dos les disgusta el roce, al melancólico porque lo ve un desperdicio, al flemático porque le resulta desagradable. Así que nada se plantea. Se hunde.
Se repiten dos averías. La primera: el melancólico hace una petición cuidadosa, el flemático dice que sí sin querer decir que sí, nada cambia, y el melancólico lo lee como desprecio cuando era evitación. La segunda: la precisión del melancólico aterriza como una crítica constante de baja intensidad. El flemático no responde. Se retira un poco más cada vez, y un día está educado, amable y ya no está.
Si usted es el melancólico, pida la objeción dos veces, y pídala bien: "¿qué parte de esto no quieres hacer?". Y luego aguante el silencio, porque la respuesta viene detrás. Diga también cuáles de sus peticiones son preferencias y cuáles no. El otro no distingue, y las carga todas con el mismo peso.
Si usted es el flemático, diga el desacuerdo dentro de la misma conversación, aunque le salga mal, aunque sea a media voz. Su silencio queda registrado como consentimiento y se lo van a recordar. Dé una fecha, no una buena disposición. No le están atacando. Están intentando que la cosa salga bien, y para ellos eso es cariño.
Ninguno de los dos es el tipo puro
Casi nadie es un temperamento limpio, y la mayoría llega a esta página porque se reconoce en las dos mitades y no sabe elegir. Ese es el resultado normal, no un test roto. Frío y seco en el trabajo, frío y húmedo en casa es una manera corriente de ser, y la mezcla se mueve con la edad y con la compañía. La entrada sobre las mezclas explica cómo el tipo secundario hace buena parte del trabajo que los demás ven, y el test al menos separará un primario de un secundario, que para esta pareja suele ser la respuesta honesta.
La pregunta útil no es cuál de los dos es usted. Es de qué está hecho su silencio. ¿No lo dice porque ya decidió, o porque preferiría no tener que decidir?
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