Breve historia de los cuatro humores

De Hippocrates a Avicenna y al Renacimiento: cómo una teoría sobre los fluidos del cuerpo se convirtió en un mapa duradero del carácter humano.
Durante más de dos mil años, una sola teoría marcó la manera en que Occidente entendía el cuerpo y la mente. Era la doctrina de los cuatro humores, y los cuatro temperamentos son lo que hoy queda de ella.
Hippocrates y los cuatro fluidos
La historia empieza en la antigua Grecia con Hippocrates, a quien se suele llamar el padre de la medicina, en el siglo quinto antes de nuestra era. Él y su escuela propusieron que el cuerpo contiene cuatro fluidos, o humores: sangre, bilis amarilla, bilis negra y flema. La salud era el equilibrio entre ellos, y la enfermedad, uno que subía o bajaba demasiado.
Cada humor se emparejaba con dos cualidades tomadas del calor y la humedad. La sangre era cálida y húmeda, la bilis amarilla cálida y seca, la bilis negra fría y seca, y la flema fría y húmeda. Era un sistema elegante, y encajaba con los cuatro elementos: aire, fuego, tierra y agua.
Galen convierte los fluidos en carácter
Seis siglos después, el médico griego Galen dio el siguiente paso. Trabajando en Rome, sostuvo que el humor dominante de una persona también moldeaba su carácter. Alguien con predominio de sangre era alegre y sociable; uno de bilis amarilla, fogoso y audaz; uno de bilis negra, reflexivo y triste; uno de flema, tranquilo y pausado.
Así surgieron los cuatro temperamentos: sanguíneo, colérico, melancólico y flemático. Galen le dio al modelo la forma que aún conserva, un puente de la medicina a la psicología mucho antes de que la psicología tuviera nombre.
Avicenna y el mundo medieval
La idea no se quedó en Europa. En el mundo islámico medieval, el gran médico Avicenna, conocido en Oriente como Ibn Sina, reunió la tradición humoral en su Canon de medicina hacia el año 1025. Aquel libro fue el texto médico de referencia desde Persia hasta París durante siglos.
Una sola idea puede sobrevivir a su propia ciencia, si nombra algo que la gente sigue viendo en sí misma.
A través de Avicenna y de otros, los humores volvieron a Europa, donde la School of Salerno y las universidades medievales los enseñaban como hecho indiscutible.
El Renacimiento y su larga huella
Para el Renacimiento, los cuatro temperamentos estaban por todas partes: en la medicina, en el arte, en la manera de leer un rostro o un estado de ánimo. Dürer grabó la melancolía como una figura alada y ensimismada. Los escritores clasificaban a sus personajes por su humor. La palabra que aún usamos para un estado pasajero, estar de buen o mal humor, viene directamente de esta teoría.
Con el tiempo, la ciencia moderna reemplazó los humores. Ya no creemos que la bilis negra provoque tristeza. Y sin embargo los cuatro tipos de carácter no desaparecieron, porque en realidad nunca trataron de fluidos. Trataban de patrones de personalidad, y esos patrones siguen aquí.
Por qué sigue encajando
Quita la biología y los cuatro temperamentos siguen siendo un mapa humano y limpio: cálido o frío, rápido o pausado, hacia fuera o hacia dentro. Por eso el modelo vuelve una y otra vez con formas nuevas, y por eso un test breve basado en él todavía puede decirte algo cierto sobre ti.
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