¿Se puede cambiar de temperamento?

Tu naturaleza esencial te acompaña siempre, pero sus bordes son tuyos para moldearlos. Qué puedes cambiar, qué no, y cómo crecer sin luchar contra ti mismo.
Es una de las primeras preguntas que la gente hace tras un test de temperamentos: si no me gusta parte de mi resultado, ¿puedo cambiarlo? La respuesta honesta es que no puedes cambiar tu naturaleza por otra, pero sí puedes moldearla muchísimo. Piensa en un jardín. No conviertes una rosa en un roble, pero sí puedes podar, alimentar y guiar lo que crece.
Qué queda fijo
Tu temperamento esencial tiende a acompañarte toda la vida. Un niño que a los cinco años era rápido y abierto suele seguir siendo rápido y abierto a los cincuenta. Esa base es en parte innata, y luchar contra ella de frente casi nunca funciona. Un flemático que intenta convertirse en colérico a la fuerza acaba agotado y distinto de sí mismo.
Así que el objetivo no es convertirse en otro tipo. Es convertirse en una versión madura del propio.
Qué puedes moldear
Dentro de cada temperamento hay una versión sana y otra que no lo es, y la distancia entre ambas es enorme. En esa distancia es donde vive el crecimiento.
- Un colérico no puede dejar de ser decidido, pero puede aprender paciencia y calidez.
- Un sanguíneo no puede dejar de amar el momento, pero puede aprender a terminar lo que empieza.
- Un melancólico no puede dejar de sentir con hondura, pero puede aprender a levantar la mirada de la preocupación.
- Un flemático no puede dejar de ser tranquilo, pero puede aprender a alzar la voz y a empezar antes.
Ninguna de estas cosas es un cambio de naturaleza. Cada una es la misma naturaleza, ya madura.
El segundo temperamento ayuda
La mayoría de la gente lleva un segundo temperamento bajo el primero, y esa naturaleza de apoyo es una fuente de equilibrio siempre a mano. Un colérico con una vena melancólica ya tiene una ternura de la que tirar; un sanguíneo con una vena flemática ya tiene calma. Apoyarte en tu segundo tipo suele ser más fácil que tomar prestado un rasgo que no tienes en absoluto.
Crecer no es convertirse en otra persona. Es ser menos tu peor versión y más la mejor.
Cómo crecer sin luchar contra ti mismo
Empieza por nombrar tu único hábito costoso, ese punto ciego por el que tu temperamento es conocido. Luego elige el movimiento contrario más pequeño posible y repítelo. Un melancólico empieza algo antes de que esté perfecto. Un colérico hace una pregunta antes de decidir. Un sanguíneo termina una tarea antes de empezar otra. Un flemático dice una frase sincera que normalmente se guardaría.
Pequeño, constante y en tu propia dirección. Así madura un temperamento. Haz el test para encontrar tu base y luego elige un borde que suavizar.
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